Vas al baño, pensás “¿Quién quedará nominado esta semana?”. Mientras laburas, tu inconsciente se sitúa en la “casa más famosa del país” y piensa: yo nominaría a tal o a cual porque creo que son RE falsos, y aquellos ya más enfermizos, hasta se imaginan dentro, con un grupo cierto de personas, y desmenuzan cada una de esas personalidades. ¿Sociedad con síndrome de soledad, cholulismo o culto/ esclavitud a la T.V. actual? Posiblemente los tres van de la mano por el sendero de la superficialidad.
Me pasó ayer, prendo mi tele, veo una docena de personas encerrados en una casa, (casa a la cual ni siquiera un 5% de la media nacional imagina algún día poder llegar a tener) siendo filmados por cámaras, “todo el tiempo, las 24 hs.”. Cambio de canal, “periodistas de espectáculos”, analizando los pormenores “la casa”. Decisión: apago la tele.
Noche siguiente, luego de un día de trabajo, pienso: me pego un baño, como algo y me acuesto a ver tele. Limpio y con la panza llena, prendo el tele (los hechos descriptos a continuación pueden ser nocivos para aquellas persdonas que desconozcan la msociedad de consumo argentina) y veo que uno de los participantes tiene que “abandonar la casa”, luego de una estúpida agonía, sale uno de ellos; es decir, sale una de las personas que estuvo un mes encerrada en un lugar sin hacer nada más que convivir con otras personas, dormir, hacer las tareas del hogar (lavar platos, tender la cama, cocinar, etc.) y asisitir a un cuartito a hablar con “alguien”. Una vez que atraviesa la puerta de salida, se encuentra con un grupo de “seguidores” que aclaman su nombre, lo idolatran, lo admiran, le hacen saber que van a estar con él en las buenas y en las malas. Y ahora es cuando yo pienso y digo: este tipo hizo y hace lo que hago todos los días yo en mi casa, y hasta capaz que mucho menos. ¿cómo podemos tener esta realidad social? ¿ cómo pueden las masas contribuir (de manera indirecta o no tan indirecta) a que los dividendos de estas empresas cierren con tanto éxito?
Vidriera Social.
Reconociendo nuestro lugar de víctimas potenciales de los realities, podemos denotar una cierta imposición de modelos sociales. Todas las personas que están en ellos responden a características de prototipos de consumo y de imagen a imitar. Con sus caras delicadas y sus cuerpos trabajados nos hacen pensar que esa ropa tan de moda que llevan encima nos queda bien a todos.
Cada uno de los integrantes de esa casa coincide con la matriz de personalidad que muchos televidentes quisieran llegar a alcanzar, si algún día salieran de perdedores. Encontramos, por el lado de los hombres, al que tiene levante, chamuyo y (consecuentemente) mujeres, al “tumbero” que peleó toda su vida por sus hijas y por salir de abajo, al hippie pseudorroñoso (pero con mucha onda él, viste), al yerno perfecto que cualquier mujer de más de 50 quisiera tener (bondadoso y sin maldad aparente) y al macho argentino con sus grandes músculos y su cabellera trabajadamente rubia. Si bien es cierto que, en líneas generales, las mujeres argentinas son una raza superior en lo que a belleza respecta, caminando por la calle no se encuentran en una cuadra ni dos como las que hay en la casa. Nos exhiben chicas con colas levantadas, cinturas de avispa (como dice la nona), pechos siliconosamente abundantes, peinados súper top, y nada de eso de celulitis o estrías, no señor, nada de eso. Y, como brillante estrategia de la producción del programa, hay un gay en la casa; infaltable. Todo el tiempo los usuarios están esperando que pase algo o haga algo raro, para decir “viste lo que hizo el puto anoche”.
Productores e idealizadores de shows sagaces y astutos sumado a un pueblo consumista demasiado fácil de atrapar, nos da como resultado grandes empresarios que cada vez llegan más comodos a fin de mes, y una sociedad sometida bajo la ley del consumo permanente ( de lo que sea), la Argentina del 2007.