En un mundo en el que la belleza pareciera adoptar formas extrañas, en el que el falso amor se subasta por unas monedas en el más cruel y banal de todos los mercados; en un mundo donde la falta de sensibilidad hace estragos en almas sedientas de tan solo un minuto de inmensidad; en ese mundo tratamos todos los días de vivir, de ser felices y encontrar el verdadero amor, el desinteresado, el puro, el sublime, en las pequeñas cosas de lo cotidiano.
En mundo que cada vez acelera más sus relojes y detiene cada vez menos sus cabezas, los corazones no encuentran amparo. Pareciera que algo tan simple como un abrazo, un beso o una mirada no se encuentran ya en nadie de manera desinteresada. El cuerpo es medio para dar amor, no un medio para corromperlo.
Existe de todos modos, una pequeña luz de esperanza que trata de convivir con todos los dolores en lo más simple del alma. Sufre, resiste, pero nunca se deteriora. Nunca baja los brazos. Nunca deja de sentir que existen en alguna parte de este mundo devastado, personas dispuestas a entregarse, dispuestas a superar las barreras de lo material, dispuestas a dar. Es por esas personas que el alma sigue latiendo, sigue inventando ganas de sentir. Sigue siendo lo más hermoso que tenemos las personas. Sigue siendo eterna.